¡Chas!


Andamos con los ojos abiertos y el corazón cerrado.

Y somos humo, que los demás aspiran.
Y somos polvo, sal, y agua.
Un chasquido y te enamoras,
Un chasquido y se te va la vida.

¡Chas!
Finitos en la materia, infinitos en el sentir.
Escarbando en el abismo, nos corroe la angustia del futuro.

¡Chas! Y el beso detiene el tiempo.

Flotamos en la memoria, cruel espada que atraviesa la "dolente" realidad.
Inmersos en la entropía del significado que evoca el propio ser.

Y somos semilla que en los demás florece.
Y somos lo inhumano, lo dimensional, lo atemporal.

Sujetos al cosmos.

Parpadeamos y de pronto somos viejos, con el alma estéril y los pies hechos raíces.
Esclavos de la materia, creyentes del destino, cómplices de lo vano.
Seres aspiracionales a realidades inmaculadas, que de pronto solo somos recuerdo.

Y dejamos de escarbar para convertirnos en abismos que nadie se atreve a conocer.
Y nos sentimos ajenos al otro, profanamos la vida.
Resignificamos lo divino a lo efímero y trivial.

Y no hay razón
Y no hay tiempo
Y no hay límite 

Somos.  Supuestamente.

¡Chas! 

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