EL A M O R
A veces el amor se resume a una historia entre dos personas que en un lapso preciso sincronizan sus miradas, se expanden las pupilas y hacen del momento una eterna red de posibilidad.
Y cuando nos enamoramos se da inicio a una sintomatología feroz que termina sacándonos los ojos, dejándonos sin pulso, de una apariencia extraña.
Olvidamos cualquier léxico existente para poner en nuestra lengua solo el nombre del culpable.
Relegamos a toda alma que no pertenezca al bien amado, para dejar más espacio a este ser letal.
Y así es el amor, cualquier signo de raciocinio se esfuma, ¿y qué nos queda por hacer? Nada. Irremediables somos.
Ese ente nos ha pasado ha convertir en poetas fortuitos con mirada perdida, soñadores impecables, fugitivos de la salud mental.
Y ya sin ojos empezamos a verle a nuestro personaje inventado cualidades sobrevaloradas que apenas y existen, llegamos a creer que son adivinos del pensamiento, curanderos capaces de apaciguar el daño causado por otro personaje hoy llamado el E-X.
Y entonces llega , después de mucho o de poco, en cuestión de nada, una pequeña luz que ilumina la mirada, llamada: objetividad.
Que desnuda y muestra a ese ser divino como lo que es: humano, no adivino, no curandero.
Que sí, nos revitaliza, nos da bocanadas de esperanza, nos convierte en un mejor Yo.
Y que rico es el amor, eriza, eleva, desconcentra, nos convierte en luz y nos otorga el don de fluir.
Comentarios
Publicar un comentario