La escritura y yo

 



¿Los escritores nacen o se hacen? Esa magia de la palabra de crear mundos, historias, prohibiciones, reglas, estructuras, posibilidades, la omnipresencia a través de papel y lápiz. ¿Es un regalo divino o somos esculturas incompletas de barro que con la tierra de la vida nos vamos formando ?

En mi caso, recuerdo desde pequeña tener una curiosidad insaciable por descubrir el mundo, sobre todo el de los libros. Mis padres tenían un librero con algunos ejemplares inadecuados para niños que, por supuesto, me tenían prohibido ver, entonces, cuando ellos estaban fuera de casa, tomaba uno y lo empezaba a hojear, para encontrar cuerpos desnudos alusivos a la anatomía humana y sus funciones eróticas (eran enciclopedias de educación sexual). Esa chiquilla traviesa , curiosa y desafiante, jamás ha dejado de habitar en mi. 


De niña reconocí mi llamado a la escritura, tenía una fascinación por descifrar las letras. Apenas sabía sostener el lápiz, y entonces calcaba las libretas de mis hermanos mayores, imitando los trazos sobre las vocales y consonantes que ya estaban sobre las hojas de papel. Podía durar horas fingiendo que sabía escribir.


Tenía siete años el día que conocí la poesía de  Jaime Sabines, a través de un libro que editó y regaló la compañía Telmex en el año 97 por pagar los recibos a tiempo. No sé cómo llegó a mis manos, pero mi forma de ver la vida cambió. Los amorosos despertó algo en mi, que sin duda, ya no se puede echar a dormir: mis ganas de ver al mundo con ojos de poeta. Quería enamorarme como él, llorar como él, extrañar como él, escribir como él. Surgió en mí una necesidad de conocerlo y preguntarle de donde venían todas las palabras, me lleve la triste sorpresa que Jaime tenía un par de meses de haber fallecido. Claro, todos los buenos escritores tienen que estar muertos.


Pasaron los años, y siguió mi romance con la poesía, y como en todo romance hay altas y bajas, la ame y la odie. La poesía tiene una nobleza que no tiene la novela, puedes ir y venir de ella. No es celosa, te deja libre, te abraza cuando la necesitas, la ves en todo y en todos. Te ayuda a descubrirte a ti mismo. Es desinteresada. La encuentras en una servilleta, un post it, una carta, en el libro, un testamento, una lápida. Jamás se esconde pero no cualquiera la ve.


Había olvidado mi sueño de niña y durante muchos años dejé de un lado la escritura . Fue en el 2014 que, gracias a un novio que tuve, me animé a abrir mi primer blog. Nada impresionante, pero me ayudó a salir de mi guarida, dejar que el mundo me viera a través de lo que escribía. Era un simple pasatiempo, publicaba alguna entrada de vez en cuando. No buscaba nada serio con la escritura.


Fue a mis 30 años que  tuve una crisis y me di cuenta (gracias a mi terapeuta) de esta necesidad de creer en ese anhelo. “Janin, ¿no te has dado cuenta que desde niña quieres ser escritora? eso lo veo claro, pero tú no, ¿de quién es esa voz que no cree en ese sueño? Es normal que a los treinta años, atravesemos por una crisis que nos replantea lo que estamos haciendo de nuestras vidas”, me dijo Pedro en nuestra segunda sesión de terapia después de leer mi IKIGAI.

Mi alma me estaba gritando a través de mi cuerpo, con ataques de ansiedad y una profunda tristeza por silenciar mi propia voz. Ya había escuchado a los demás por mucho tiempo “ los escritores se mueren de hambre”. Y en realidad es que todos nos vamos a morir, pero a la vida hay que tomarla y no esperar a que ella te beba.


Fue así que decidí formalizar mi relación con la escritura, especialmente la poesía. Sigo sin saber si un escritor nace o se hace, pero definitivamente crear requiere valor, tiempo, determinación. Todo lo que alimentas crece, ya sean los miedos o los sueños. Y hoy, aquí estoy sembrando la fortuna para que cuando florezca sentir que todo huele a suerte.

Comentarios

  1. Eres escritora, sin duda, lo que eh leído de ti me encanta, sigue tu sueño y yo seré tu lectora.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares