Los días felices
A donde van los días felices:
Al cuaderno de primaria, con ese sello de abejita de excelencia, en el beso con labial de mamá en nuestra pequeña frente.
Van a aquella cicatriz de la rodilla izquierda, que te hiciste después de una caída en el bebeleche. A ese olor de salsa bechamel que sale de aquel restaurant de la esquina, idéntico al olor de la cocina de la abuela.
A las fotos de aquel álbum oculto en algún rincón de la casa, que de repente descubres entre una nube de polvo, ahí esta ese día que creiste haber olvidado, tú y tus primos con overoles azules y ese corte de honguito espantoso.
Los encuentras en los días calurosos, tomándote un frutsi, haciendole un pequeño orificio en la parte de abajo como cuando eras niño.
Van a esos tenis con la suela rota, con los cuales recorriste esos caminos inciertos de tu primer viaje solo.
Los días felices se quedan en ese vaso de agua que te bebiste a las prisas para que tu mamá no te viera entrar a la casa, y así poder seguir jugando con tus amiguitos.
En ese sandwich apachurrado en la mochila que olvidaste comer en el recreo porque no hubo tiempo, tenías que jugar.
Se quedan en el calor de aquellas sabanas calentitas en una mañana de invierno.
Los encuentras en la tinta y el papel de aquella notita de amor que recibiste de un amor que ya no esta.
A las fotos de aquel álbum oculto en algún rincón de la casa, que de repente descubres entre una nube de polvo, ahí esta ese día que creiste haber olvidado, tú y tus primos con overoles azules y ese corte de honguito espantoso.
Los encuentras en los días calurosos, tomándote un frutsi, haciendole un pequeño orificio en la parte de abajo como cuando eras niño.
Van a esos tenis con la suela rota, con los cuales recorriste esos caminos inciertos de tu primer viaje solo.
Los días felices se quedan en ese vaso de agua que te bebiste a las prisas para que tu mamá no te viera entrar a la casa, y así poder seguir jugando con tus amiguitos.
En ese sandwich apachurrado en la mochila que olvidaste comer en el recreo porque no hubo tiempo, tenías que jugar.
Se quedan en el calor de aquellas sabanas calentitas en una mañana de invierno.
Los encuentras en la tinta y el papel de aquella notita de amor que recibiste de un amor que ya no esta.
Los días felices van, y siempre regresan, transformados, engrandecidos, tal vez incluso siendo un poco mejor de lo que en realidad fueron, porque así juega la nostalgia, nos revuelca en las memorias haciéndonos creer que probablemente nada sea mejor de lo que ya fue.
🤙🏻👏🏻
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