Malos hábitos
Tenía que contener mis gemidos, mi pecho estaba muy acelerado, se podía ver su movimiento sobre las cobijas gruesas que me cubrían del invierno, el sudor sobre mis muslos mojaba las sábanas, los músculos de mi pelvis se contraen una y otra vez, los sentía venir uno tras otro, fueron tan intensos que sentía dar vueltas en la cama.
Por fin desperté, otra vez ese sueño…
Tomé mi rosario, no es posible que me vuelva a pasar, comencé a rezar como todas las noches después de esa pesadilla que me atormenta desde aquel día que lo conocí, Gabriel.
Por fin volví a quedarme dormida, con esa paz, con mi cuerpo en total relajación después de haber experimentado 3 orgasmos seguidos.
Me despierta el sonido del rezo de mis hermanas de las 5 de la mañana, “Oh alto y glorioso Dios ilumina las tinieblas de mi corazón, dame fe recta, esperanza cierta…” aclare mi rostro, me vestí y me uní a sus rezos, saludo a la madre Luz Maria, odio como me ve esa mujer, solo porque soy nueva en el convento, ¿será acaso que piensa lo mismo que yo?, ¿que no estoy hecha para esto?
Tengo que volver a mis tareas diarias, hoy es miércoles, y ese sueño augura lo que me espera a las 11 de la mañana de los miércoles de cada semana, tengo que ir a la carnicería y traer al convento la carne para el resto de la semana.
“Buenos días madrecita”, me saluda esa voz ronca que me atormenta en mis pesadillas, -Buenos días Gabriel, ¿como esta?, ya vine por mi pedido-.
Gabriel un hombre robusto, con las manos más grandes que he visto, dedos gruesos y largos, labios carnosos y ese colmillo ligeramente chueco , cabello rojizo, con las mejillas coloreadas, una sonrisa preciosa, alto, muy alto, diría que hasta tiene sangre de vikingo.
“Excelente, mire el chorizo que acabo de preparar, es mas le voy a regalar un kilo para que lo pruebe, me quedo de rechupete” toma el chorizo con su mano, lo aprieta y se escurren los jugos entre sus dedos, Dios mío porque esta imagen me causa cosquillas entre las piernas…
Mientras prepara los otros cortes, Gabriel me ve a los ojos y pregunta: “¿Tiene calor Madrecita? con tremendo frio”
-Es el hábito, Gabriel-. Silva y canta alegre, frente a mi esta un enorme pedazo de carne fresca, Gabriel la golpea, “mire nomas que buena está, la mejor calidad”, me urge salir de este lugar, el sudor entre mis enormes pechos baja hasta mi ombligo, no puedo dejar de tener estos pensamientos:
Me imagino la entrepierna de Gabriel, gruesa, y como se pone dura cuando la pone entre sus enormes manos, baja y sube, y como empieza a escurrir ese líquido por los niveles de excitación elevándose, pienso en como me levanta el hábito y me nalguea fuerte con sus manos.
Gabriel me entrega el pedido, “la veo el próximo miércoles madrecita”.
Ya es de noche, me preparo para dormir después del ultimo rezo del día, estoy frente al espejo y vuelve a mi mente Gabriel, empiezo a quitarme el molesto habito, este disfraz que debo usar todos los días, imagino como me lo quitaría Gabriel, estoy segura que empezaría por...
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