Los días
Largos y cortos, que duran para recordarse toda la vida, hay unos que solo pasan y simplemente se suman a un parpadeo, a veces suceden cosas que vale escribirlas en una hoja de mi diario, como aquella ocasión que me regalaste ese libro que tanto había buscado. Lo que tienen en común es que ninguno vuelve (ese día, ni tú) , y que al menos hoy solo te convierten en una idea , un recuerdo y tal vez en un futuro extraño.
Hay días que son parteaguas, que son destino escrito, que dictan el camino. Como aquella noche estrellada, donde nos besamos, sumergidos en esa agua tibia como tus labios, la luna tocaba tu sonrisa y a pesar de eso el brillo seguía viniendo de ti. Efímero como esas estrellas fugaces, intermitentes como el sonido de los tambores al fondo del bosque.
Hay días que te pienso, hay días que ni siquiera me acuerdo de ti, pero ese vaivén de tu recuerdo es una constante en mi mente, como el atardecer, si quiero puedo sentarme y detenerme, observarlo con los colores que le implican, o puedo simplemente ignorar esos colores cerrar mi mente y volver a pasar sin mirar.
Días...con atardeceres preciosos, que puedo apreciar sin pausa, sin prisa, con esa paciencia, porque sé que al final el sol se esconde y los colores van a desaparecer (como tú), tantas veces me he perdido de amaneceres bellísimos, por estar viendo al piso, por las prisas, por tener todo y nada en la mente, por seguir esperando a que el sol se vuelva a esconder.
Hoy no elijo el atardecer, quiero el día completo con su noche, esperando a que todo y nada me suceda.
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