Fuí instrumento y música.
Me convertí en música,
cuando sus manos afinaron mis cabellos como las cuerdas de una guitarra.
Me hizo su instrumento.
Al inicio, él era como un niño en su primera clase de piano, tocaba mis teclas suave, con miedo, pero decidido.
El estremecimiento en mi cuerpo definía el sonido y sus manos el ritmo, mi respiración era su partitura y fue así como me hizo su melodía.
Una melodía que toco toda la noche, repitiendo alturas y ritmos, sus notas preferidas eran las bajas,
las mías también.
Fuí su piano, su guitarra, su violín, solo él sabía tocarme.
Me afinó, me compuso.
Tenía magia en las manos, cálidas, dedos de porcelana y palmas de madera.
Recuerdo su olor y su textura.
De músico no tenía nada, solo sabía tocar.
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