Ella y Él.

Él, tenía la edad en la que los ojos ven con la experiencia.
Ella, tenía la edad donde los pasos dados son mera curiosidad.
Había algo en común entre sus almas:
el amor.

Ella nació medio siglo después, o él medio antes, pero el destino se volvió a equivocar.
La vida los coloco a destiempo.
Él no pudo evitarlo, se enamoró de su sonrisa, su largo cabello color avellana, su escandalosa risa, su rebeldía.
Ella no pudo contenerse, el hombre de sus sueños en un abrigo de arrugas, heridas y pintura.
Su capacidad intelectual, su paciencia, su locura, la envolvieron. 

Solían escribirse por correo, y detrás de sus respectivos monitores se veían una serie de gestos, entre sonrisas y expresiones denotando sorpresa, un par de anhelos.
Él compartía sus aventuras, secretos, infortunios.
Ella sus desventuras, sueños, aspiraciones.
Quieren creer que su encuentro por la vida es una especie de regalo del universo, de esa energía que se convierte y vuelve...


Este es un pequeño fragmento de una historia equivocada en el momento preciso.
Podría parecer más retorcida que una obra de Schiele, pero así pasa con el amor, y no me refiero al que suele confundirse con el deseo carnal, sino a aquel que no se limita a la edad, sino que va con admiración, paciencia, crecimiento y todo aquello que conlleva a amar a otra persona con todo el ser.

Esta historia es para ti, el hombre que no sólo es huella en mi vida, eres piel, lápiz, árbol.

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